La Masmarria de Navalvillar de Pela es uno de los emblemas indiscutibles de la gastronomía de esta localidad pacense y una auténtica una joya de la cocina rural y de aprovechamiento.
Se trata de una emulsión fría y densa que comparte estirpe con las grandes sopas majadas del suroeste peninsular —como el ajoblanco o el salmorejo—, pero con un carácter único definido por su notable firmeza.
Su identidad está tan arraigada en el municipio que cuenta con su propia cita anual: la Feria de la Masmarria, cuya tercera edición se celebró el 2 de mayo de 2026 con talleres, concursos y degustaciones populares.
El secreto del punto: La masmarria alcanza su textura perfecta cuando se convierte en una masa sólida y compacta. Tradicionalmente se comprueba volcando el cuenco de madera: si la emulsión está bien trabajada, no se cae.
De origen humilde, nace de la necesidad de aprovechar el pan asentado del día anterior, combinándolo con los recursos básicos de la despensa de campo: aceite de oliva, ajo, huevo y vinagre.
De técnica artesanal, requiere paciencia y destreza manual. Se elabora batiendo los ingredientes dentro de un cuenco o mortero (idealmente de madera) manteniendo siempre el mismo sentido de giro para evitar que la emulsión se corte. Debe quedar una pasta muy espesa y untuosa que suele servir de base para refrescar con un picadillo fino de hortalizas (tomate, pepino y pimiento verde).
Receta:
Origen Navalvillar de Pela (Badajoz)
- Tiempo de preparación 20 minutos
- Raciones 4
- Dificultad: Media (requiere punto de emulsión)
Ingredientes:
- Miga de pan asentado: 200 g (sin corteza)
- Aceite de oliva virgen extra (AOVE): 150 ml aproximadamente
- Dientes de ajo: 2 o 3
- Huevo: 1 entero (en algunas variantes modernas se usa leche para suavizar)
- Vinagre de vino blanco: 1 a 2 cucharadas
- Sal gorda
- Agua fría: Solo unas gotas si el pan está demasiado seco
- Para el acompañamiento (opcional): Tomate, pepino y pimiento verde picados en dados muy finos (mirepoix rústica).
Pasos a seguir:
- Acondicionar la miga:El pan debe humedecerse, nunca empaparse.
- Retirar la corteza del pan del día anterior y desmigajar recipiente.
- Si está muy dura, salpícala con unas gotas de agua fría para ablandarla ligeramente.
- Debe quedar manejable y no caldosa.
- En un mortero tradicional de madera, machacar los dientes de ajo pelados junto con la sal gorda hasta obtener una pasta fina e integrada.
- Ligar la base con el huevo
- Añadir el huevo crudo al mortero sobre la pasta de ajo.
- Batir con la maza haciendo movimientos circulares continuos, manteniendo estrictamente el mismo sentido.
- Emulsionar con el aceite. Es el momento crítico del proceso.
- Verter el aceite de oliva virgen extra en un hilo continuo y muy fino sin dejar de batir enérgicamente en la misma dirección.
- La mezcla irá ligando y tomando volumen hasta adquirir una consistencia similar a la de una mayonesa rústica.
- Trabajar el pan e integrar.
- Aportar cuerpo a la masa. Incorpora la miga de pan poco a poco mientras se sigue trabajando con la maza. El pan irá absorbiendo la emulsión líquida.
- Continuar majando y sobando la masa hasta lograr una pasta fina, homogénea y muy densa.
- Añadir el vinagre y ajustar el punto de sal, mezclando bien.
- Comprobar el punto y sazonar.
- La prueba del cuenco. La masmarria estará en su punto exacto cuando la masa esté tan trabada que pueda volcarse el recipiente con cuidado sin que la mezcla se desprenda.
Servir bien fría en el propio cuenco de madera o en plato hondo. Si se desea, cubrir la superficie con el picadillo fresco de tomate, pepino y pimiento para aportar el contraste crujiente y ácido.
BUEN PROVECHO.
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