El pan y la religión católica
Diogo Antonio Salgueiro Pereira
Cofradía Extremeña de Gastronomía
El pan es tal vez el alimento más diferenciador de las religiones que se desarrollaron en la Península Ibérica. La primera, la más influyente, la católica, tiene como símbolo principal la Sagrada Forma, que es considerada como el mismo Cuerpo de Cristo y hace renacer cuando ingerida, la comunión con la Divinidad. Sólo se puede tomar después de purificar el cuerpo y el alma, también ellos considerados Templos de Dios.
Durante su vida pública, al menos en dos ocasiones según los evangelistas, cuando ya no había nada para comer, Jesús, Hijo de Dios hecho hombre (y Dios como parte integrante de la Trinidad que es Dios Padre, Jesús-Dios Hijo y el Espíritu Santo) hizo el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. ¿Por qué no de la carne y de los huevos, o de los quesos y de las frutas? El pan se mantiene como elemento sagrado.
El Padre Nuestro, oración por excelencia de los practicantes de la religión Católica, en el que se pide y agradece la generosidad que Dios ofrece a sus hijos -”el pan nuestro de cada día”- que los alimenta física y espiritualmente.
En los días de fiesta religiosos, en las comidas el pan está siempre presente. En Navidad las figuras de mazapán, en la Semana Santa los “folares” o panes dulces. En Portugal tienen formas de lagarto para los niños y de pollitos, de gallina, de corderos para niñas, que normalmente se regalan a los padrinos, ahijados, abuelos, nietos, habiendo quien ve en las formas algo de fálico y de reminiscencias de antiguos ritos paganos. Llevan siempre insertos un huevo cocido, pintado o no.
En el día 20 de enero, se conmemora San Sebastián, en Santa Maria da Feira, se fabrican las “fogaças”, que son un pan dulce de harina de trigo, fermentada y cuando ha crecido se corta, de forma que al cocer queda con la forma de cuatro salientes, semejantes a las cuatro torres del Castillo de Santa Maria da Feira.
La fiesta de los Tabuleiros en Tomar, ligada al culto del Espíritu Santo, que algunos ven continuadora de la antigua fiesta pagana en honor de la diosa Ceres, deidad de las cosechas, que se adivinan al comienzo de la primavera cuando la fiesta se realiza.
Los panes figurativos que son exvotos, u ofrendas a un Santo, o al Espíritu Santo, por parte de creyentes, cuyas peticiones fueron aceptadas y resueltas positivamente.
En la Sagrada Biblia aparecen escritas cuarenta veces la palabra “trigo”, doscientas sesenta y cuatro la palabra “pan” y diecisiete la palabra “panes”.
Los “Registros”, en camino de Santiago, en algunas iglesias o capillas se abrían los portados por la noche para que los peregrinos pudiesen descansar. Había dentro o fuera los “registros”, que eran unas hornacinas donde los creyentes ponían pan, agua y limosna en forma de dinero, para ayudar los peregrinos.
Publicado en el libro “El Pan: con mucha miga” editado por la Cofradía Extremeña de Gastronomía
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